Qué es la sarcopenia
Es la pérdida de masa y función muscular. Puede aparecer con la edad, pero también se acelera con la enfermedad, la inflamación y la inmovilidad — las tres cosas que suelen juntarse durante un tratamiento oncológico.
El músculo no es decoración
El músculo esquelético es tejido metabólicamente activo: participa en el metabolismo y produce señales que afectan al cuerpo entero. Cuando se pierde, se pierde reserva. Y esa reserva es la que sostiene a alguien a través de los ciclos.
Este fue precisamente el tema que la Dra. Paola Sánchez presentó en el Congreso Regional FELANPE 2026.
Por qué la balanza engaña
Se puede perder músculo manteniendo el mismo peso, si al mismo tiempo se gana grasa o se retienen líquidos. Por eso una persona puede estar «estable en peso» y aun así estar perdiendo lo que importa.
Ese es el motivo por el que en consulta no medimos solo el peso.
Las señales que sí se notan en casa
Cansancio que no cede con descanso, dificultad para levantarse de una silla sin apoyarse, ropa que queda distinta aunque la balanza no se mueva, fuerza de agarre que baja. No son diagnósticos, pero son motivo de consulta.
Qué se hace al respecto
Dos frentes, siempre juntos: aporte de proteína suficiente y bien repartida en el día, y movimiento dentro de lo que la persona pueda. Ninguno de los dos funciona solo.
Cómo se mide de verdad
La balanza no la ve. La sarcopenia se evalúa con fuerza (prueba de agarre con dinamómetro, levantarse de una silla cinco veces), función (velocidad de marcha) y masa muscular (bioimpedancia, perímetro de pantorrilla o, cuando hay una tomografía reciente por el mismo cáncer, la medición del músculo en ese estudio). En consulta usamos lo que esté disponible; ninguna prueba requiere equipo sofisticado para dar una primera respuesta.
Por qué cambia el tratamiento
Varios medicamentos de quimioterapia se dosifican por superficie corporal, que se calcula con peso y talla — no con cuánto músculo hay debajo. Una persona con poco músculo recibe, en proporción, más fármaco por kilo de tejido activo, y eso se asocia con más toxicidad, más reducciones de dosis y más interrupciones. La sarcopenia también empeora la recuperación después de cirugía y aumenta el riesgo de complicaciones. Por eso los oncólogos preguntan cada vez más por el estado nutricional antes de definir esquemas.
Proteína y movimiento: los dos frentes en concreto
Proteína: entre 1 y 1,5 g por kilo al día según las guías de nutrición oncológica, repartida en cada comida —25 a 30 g por toma aprovecha mejor que un solo plato grande—. Huevo, pollo, pescado, lácteos, leguminosas y, cuando no alcanza, un suplemento elegido para su caso. Movimiento: el músculo solo se conserva si se usa. No hablamos de gimnasio: levantarse y sentarse, caminar dentro de la casa, subir escalones, bandas elásticas. Lo que la persona pueda, todos los días, aunque sea poco. Con anemia, fiebre o plaquetas bajas se ajusta con el equipo.
Adultos mayores: donde más rápido se pierde
A partir de los 65 años el músculo se pierde más rápido aun sin enfermedad, y con cáncer el proceso se acelera. En adultos mayores el requerimiento de proteína es mayor, la vitamina D suele estar baja y la inactividad de una hospitalización cuesta semanas de recuperación. Cada día en cama que se evita, y cada comida con proteína que sí entra, cuenta más que en cualquier otra etapa de la vida.
Cuánta proteína necesita cada persona depende de su peso, su función renal y su situación clínica. No es un número universal, y ahí es donde entra su médica.
Preguntas frecuentes
¿La sarcopenia se revierte?
Se puede frenar y, en muchos casos, recuperar parte del músculo con proteína suficiente y movimiento progresivo. Cuanto antes se empiece, más se recupera.
¿Cuánta proteína necesito?
Para la mayoría de los adultos con cáncer, 1 a 1,5 g por kilo de peso al día, repartida. La cifra exacta depende de su función renal y su situación clínica; se define en consulta.
¿Sirven los suplementos de proteína en polvo?
Cuando la comida no alcanza, sí. Se elige el tipo (suero de leche, caseína, vegetal) según tolerancia, síntomas y laboratorios.
¿Puedo hacer ejercicio en tratamiento?
Casi siempre sí, adaptado. Caminar, ejercicios de fuerza con el propio peso o bandas, sin llegar al agotamiento. Con plaquetas bajas, anemia importante o fiebre se ajusta con el equipo.
¿Cómo sé si estoy perdiendo músculo si mi peso no cambia?
Fuerza de agarre que baja, dificultad para levantarse de una silla sin apoyarse, ropa que queda distinta, cansancio que no cede. Ante cualquiera de esas señales, conviene medirlo.
Este artículo es información educativa basada en práctica clínica y guías vigentes. No sustituye la valoración de su médico tratante ni constituye una indicación individual.
